- Altitud
- 967 m
- Habitantes
- 58(2024)
- Municipio
- Cobreros
- Primer documento
- 1171
El sitio
Un pueblo enclavado entre el valle y la montaña
Santa Colomba está en la comarca de Sanabria, en el noroeste de la provincia de Zamora, casi tocando Galicia y Portugal. Pertenece al municipio de Cobreros, pero tiene su propio carácter, su iglesia, su fiesta y sus casas de piedra. En la última cuenta quedaban 58 vecinos empadronados; en agosto, cuando vuelven los hijos del pueblo, la cifra se multiplica.
El paisaje lo define todo. A pocos kilómetros se abre el Lago de Sanabria, el mayor lago de origen glaciar de toda la Península Ibérica, testigo de la última gran glaciación. Por las laderas bajan los ríos Castro, Requejo y Tera, que llevan el agua hasta abajo y marcan las estaciones: las crecidas de marzo, el estiaje de agosto, el hielo de enero.
“Aquí el tiempo pasa como en todas partes, pero se nota más.”
Los orígenes
De la repoblación medieval a los documentos del siglo XII
El pueblo se funda, como tantos otros de la zona, durante la repoblación asturiana de principios del siglo X, bajo el reinado de Alfonso III (hacia el año 920). Las órdenes eran sencillas: bajar gente del norte, darles tierra, y que cultivaran y defendieran. Así empezó todo.
La primera vez que Santa Colomba aparece por escrito es el 11 de noviembre de 1171, en un documento del Monasterio de San Martín de Castañeda. Un día de otoño, con la tinta de un monje, el pueblo entraba de lleno en la historia escrita.
En el censo de Felipe II de 1591 había 67 vecinos (unas 300 personas), y casi el 71% eran hidalgos: gente de ascendencia noble, una proporción inusual para un pueblo tan pequeño. Dos siglos después, en 1787, el recuento de Floridablanca registraba 265 almas.
El patrimonio construido
Iglesia, ermita y memoria de piedra
El corazón del pueblo es la iglesia parroquial dedicada a Santa Colomba Mártir, levantada a mediados del siglo XVII y reformada en 1746, 1772 y 1964. Tres siglos de añadidos, retejados y misas de agosto.
Durante casi dos siglos existió también una ermita dedicada a la Virgen de la Portería, construida entre 1750 y 1762 y demolida en 1925. De ella queda la devoción: cada tercer domingo de agosto, la Virgen vuelve a salir en procesión y la novena que empieza el día 14 llena la iglesia de voces.
“Cuando suenan las campanas al atardecer, el pueblo entero se detiene un segundo. Luego cada uno sigue con lo suyo, pero todos lo hemos oído.”
La vida
Agricultura, ganado y el trayecto a la ciudad
Durante siglos, la vida de Santa Colomba giraba en torno a la tierra: cereal, patatas, huertos pequeños de subsistencia, castaños, y ganado vacuno que subía a los puertos en verano. La autarquía del pueblo sanabrés, que no dependía de nadie pero que tampoco tenía gran cosa, era al mismo tiempo su fuerza y su límite.
En el siglo XX llegó la emigración. Miles de familias sanabresas salieron hacia Madrid, Sevilla o el País Vasco buscando trabajo. Quedaron las abuelas, algunas vacas, y la promesa de volver en agosto.
Las infraestructuras tardaron en llegar: la luz eléctrica en 1955, el asfalto en 1970, el teléfono hasta bien entrados los 80. Hoy subir al pueblo es fácil; entender cómo se vivía antes, mucho menos.
Las fiestas
El calendario que nos mantiene juntos
Son cuatro las citas grandes del año:
– Santa Colomba — la patrona, en su día.
– San Mauro — 15 de enero, con frío y hoguera.
– Virgen del Rosario y Sacramental — puente del 1 de mayo.
– Virgen de la Portería — tercer domingo de agosto, la Semana Grande, cuando vuelve todo el mundo y el pueblo se multiplica.
En cada una, la iglesia abre temprano, la procesión sale al mediodía y la comida popular llena la plaza.
Hijos del pueblo
Los Mostaza y los que siguen volviendo
De aquí salieron, entre otros, los hermanos Mostaza: Miguel, gestor histórico del atletismo español; Bartolomé, periodista; y Antonio, canónigo. También Benjamín González Rodríguez, sociólogo. No son mayoría, claro, pero son prueba de que un pueblo pequeño puede dar figuras grandes.
El lugar
Lo que queda, y lo que viene
Santa Colomba no va a ser nunca una ciudad. Pero tampoco se va a quedar dormida. Cada agosto, las fiestas reúnen a quienes viven aquí y a quienes volvemos aunque sea una semana. Es poca cosa y es todo: es el pueblo, que sigue existiendo porque lo elegimos.
La Comisión de Fiestas trabaja cada año para que esas jornadas merezcan la pena. Pero más allá del programa, esta web quiere ser un pequeño testimonio de lo que somos: un lugar con mil años, con una iglesia, con un lago al lado, con una lista cortísima de vecinos y con una manera particular, suave y terca, de estar en el mundo.
Datos históricos y demográficos recopilados de la entrada de Wikipedia sobre Santa Colomba de Sanabria. El resto lo pone el pueblo.

